viernes, 10 de junio de 2011

Estados Unidos y el estado de excepción

Roberto Esposito

La ejecución de Bin Laden señala, de la manera más evidente, la superioridad de lo político sobre lo jurídico que caracteriza la soberanía americana. Estados Unidos sabe bien que, para ser coherente con el discurso democrático, fundado sobre los derechos individuales y la separación de los poderes, habría sido oportuno capturar a Bin Laden y someterlo a debido proceso, pero consideró está opción muy riesgosa por los efectos que podría haber provocado en el mundo islámico. Si no se conservó el cuerpo muerto  de Bin Laden ni siquiera por un día, jamás lo habrían mantenido con vida por un periodo de tiempo todavía más largo. Esto significa que, en un régimen que es al mismo tiempo soberano y biopolítico, como es el estadounidense, el discurso jurídico está destinado a ser siempre superado o lacerado por lo político. Como muy bien ha explicado Schmitt, lo político se define en una relación entre amigo y enemigo que prevé siempre la aniquilación del adversario. Mientras que en la era moderna, la soberanía funcionaba instituyendo la ley, hoy, en el horizonte biopolítico, ésta se expresa desactivando la ley, es decir, abriendo una grieta, un breve estado de excepción, dentro del cual se procede en un modo político-militar.

Fragmento de la entrevista en Ñ, 4 de junio de  201.

lunes, 6 de junio de 2011

Va, pensiero, sull'ale dorate...


"En una reciente representación de Nabucco, tras el coro "Va, pensiero" que simboliza para los italianos la rebelión contra la opresión de los Habsburgo y el inicio de la unidad de la Italia moderna, el director Riccardo Muti, que detectó una atmósfera especial en la sala, se volvió hacia el público y lo arengó a no callar más ante la vergonzosa situación política del país. Después de eso repitió el coro y animó al público a que cantaran juntos. ¿Bonito no?, pues no, no solo bonito, algo más, porque en el palco de honor estaba Berlusconi, celebrando el 150 aniversario de Italia.


                                 Un intento de traducción del discurso de Muti:
      [Tras los aplausos del público para que pedir un "bis" de "Va Pensiero", se oye en el público:   

     "¡vida Larga a Italia!"].-  El director de orquesta Riccardo Muti, contesta:
      Sí, estoy de acuerdo con esto, "vida Larga en Italia" pero...               [Aplausos]
   Muti:     No tengo más de 30 años y viví mi vida, pero como italiano que ha recorrido el mundo, tengo vergüenza de lo que pasa en mi país. Pues estoy conforme con su demanda de bis para "Va Pensiero" de nuevo. Esto no es sólo por la alegría patriótica que siento, sino porque esta tarde, mientras que dirigía el Coro que cantaba "O mi país, bello y perdido", pensé que si continuábamos así, íbamos a matar la cultura sobre la cual la historia de Italia está edificada. En cuyo caso, nosotros, nuestra patria, verdaderamente "sería bella y perdida".


[Aplausos que rompen todo, incluso artistas sobre escena]

   Muti: Desde que reina por aquí un "clima italiano", yo, Muti, me he callado durante años demasiado largos. Querría ahora... Deberíamos dar sentido a este canto; así como estamos en nuestra Casa, el théatre de la capital, y con un Coro que cantó magníficamente, y que es acompañado magníficamente, si ustedes lo quieren, les propongo unirse para cantar todos juntos."

                                                    

  Va, pensiero
                  (o Coro de esclavos de la ópera Nabucco, de G. Verdi)

Va', pensiero, sull'ale dorate;
va', ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l'aure dolci del suolo natal!
Del Giordano le rive saluta,
di Sionne le torri atterrate...
Oh mia patria sì bella e perduta!
Oh membranza sì cara e fatal!
Arpa d'or dei fatidici vati,
perché muta dal salice pendi?
Le memorie nel petto raccendi,
ci favella del tempo che fu!
O simile di Sòlima ai fati
traggi un suono di crudo lamento,
o t'ispiri il Signore un concento
che ne infonda al patire virtù!

Vuela pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el aire dulce de la tierra natal!
¡Saluda a las orillas del Jordán
y a las destruidas torres de Sión!
¡Ay, mi patria, tan bella y abandonada!
¡Ay recuerdo tan grato y fatal!
Arpa de oro de los fatídicos vates,
¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?
Revive en nuestros pechos el recuerdo,
¡háblanos del tiempo que fue! 
Canta un aire de crudo lamento
al destino de Jerusalén
o que te inspire el Señor una melodía
que infunda virtud al partir.


viernes, 3 de junio de 2011

Brian Eno

Artista conceptual, Eno se interesó desde muy temprano por las posibilidades espaciales y pictóricas del estudio de grabación. En Another Green World (1975) disuelve la forma canción para ensayar un hipnótico sonido visual.   

domingo, 29 de mayo de 2011

Un impacto en la línea de flotación kirchnerista

Susana Viau.

“Yo no reconstruí mi vida, me hice otra”, dijo en una entrevista, al promediar los 90. A la frase le siguió, raro en ella, un sollozo ronco, un rugido. Lo que expresaba esa mujer de ojos desconfiados y voz cortante no era tristeza sino dolor. Para esa época Sergio Schoklender había pasado ya a formar parte de esa “otra” vida, de la segunda vida que Hebe de Bonafini se había inventado. Lo conoció durante una visita a la cárcel y el día que el joven sombrío obtuvo la libertad lo llevó a trabajar con ella – con “ellas”– a la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
Lo trató como a un hijo, lo llamó “hijo” y cuidó como a su nieto al hijo de su “hijo” . Poco a poco, la figura de Schoklender, con sus gafas oscuras y su ropa negra, se hizo familiar en la sede de Madres y en la Universidad. El era quien las acompañaba en sus viajes, las ayudaba a subir y bajar de la “combi”.
El resto de las madres, acabó aceptándolo : “Sergio” se había hecho imprescindible. Era difícil de explicar la relación anudada entre la madre de dos militantes maoístas desaparecidos y el hombre acusado de un doble asesinato, en mayo de 1981: el de su madre Mirta y el de su padre Mauricio, socio de Pittsburg & Cardiff, representante de las acerías Thyssen y, aseguran, mezclado en negocios turbios con Eduardo Emilio Massera. Se conjeturó que ese vínculo no era más que la expresión de la voluntad transgresora de Hebe de Bonafini – o “Kika” Pastor en su primera, feliz vida--, de su desparpajo ante las buenas conciencias, de su desafío sistemático a una sociedad que había consentido su desgracia . Hebe, en verdad, era todavía extrema, imperativa, radical, principista, intransigente. Se negaba a remover terrones para buscar cadáveres y condenaba al fuego del infierno a los que reclamaban indemnizaciones por ellos. Sostenía que a la Asociación y a Línea Fundadora las separaba un abismo de clase y contaba con regocijo cómo alguna vez había encerrado a dos madres en la cocina del local para que no se escaparan a la hora de lavar los platos. Las madres de la Asociación almorzaban juntas, se turnaban para hacer las compras. Su “casa” era un reducto de mujeres, una congregación laica.
Hasta la llegada de Schoklender.
Entonces el logo del pañuelo blanco sobre fondo azul comenzó a transformarse en insignia de un pujante emprendimiento . Sería injusto adjudicar esa mutación a la obra de un solo hombre. Fue el producto de la ambición de dos: Schoklender y Néstor Kirchner , que soldó con un chorro de dinero el destino de las madres a la imagen de su gobierno. En su libro “El Flaco”, José Pablo Feinmann describe con ingenuidad brutal las dos opciones que Kirchner se planteó para llenar de consenso a una administración elegida con la menor cantidad de votos de la historia: apelar a la peligrosa insumisión del movimiento asambleario o blindarse con los derechos humanos para recién después, desde el gobierno, capturar el Estado y ponerlo “a nuestra disposición”. “Lo que no vamos a poder (…) es movilizar a los asambleístas del 2001.
Nuestro punto de partida tiene que ser los derechos humanos (…) ¡Eh, José! ¿Qué pasa? ¿Cómo te llevás con Hebe?”, lo acicateaba el flamante mandatario.
“¿Sabe en qué residía la inteligencia de Kirchner? – pregunta un radical santacruceño--. En trabajar sobre la miseria humana”. El patagónico recibió a las madres, a los hijos, a las abuelas, a las viudas, a los ex presos y a los sobrevivientes de los campos, los sentó en los lugares de privilegio. Pero la elegida para ser el mascarón de proa del “modelo” nacional y popular, el emblema del “dedo en el culo” (Feinman dixit) que quería meterle a un enemigo difuso tenía que ser Hebe de Bonafini y no otra porque “Hebe es un tanque. Y el más grande de todos los símbolos . La madre de las Madres”. Nadie salió del despacho del ex presidente con las manos vacías y Hebe de Bonafini menos que nadie. La Universidad de las Madres se puso intolerante con los atrasos de los alumnos en las cuotas y con los profesores díscolos, firmó convenios con las universidades peronistas de Lomas, Quilmes y San Martín, creó departamentos jurídicos, AM 30 Madre, su radio, percibió jugosos subsidios y nació “Sueños Compartidos”, una cooperativa de trabajo y vivienda cuyos socios, humildes entre los humildes, tenían la obligación de concurrir a los actos “K” bajo pena de despido.
“Sueños Compartidos”, protegida por el ministerio de Planificación, se desarrolló con velocidad en las provincias ultra “k” y en la Capital. Con la misma rapidez comenzaron a circular rumores de corrupción , de precios astronómicos para el metro cuadrado de construcción, de licitaciones truchas, de parvas de cheques sin fondos. Eso y el nombre de Schoklender estuvieron presentes en el estallido de los sucesos del Parque Indoamericano. Mientras crecían las versiones de las desmesuradas sumas que el apoderado de Madres timbeaba en el casino flotante , de su extravagante manía de desplazarse en helicóptero o en un Cessna Citation que todos aseguraban eran de su propiedad, de su vida cotidiana lujosa en el country Highland, las madres de la Asociación dejaban en el camino a sus fieles militantes y l os rostros más polémicos del staff ministerial reemplazaban a los viejos aliados . Hebe de Bonafini entregó su pañuelo a Cristina Fernández, llamó “hijo querido” a Kirchner primero y después a Boudou. Con su anuencia, Kirchner fue homenajeado como el “desaparecido 30.001”. El plan maestro parecía haber triunfado.
La denuncia de la Coalición Cívica, sin embargo, acaba de i mpactar en la línea de flotación de la construcción ideológica kirchnerista y reviste una gravedad mucho mayor para el gobierno que cualquiera de las causas penales que acechan a sus funcionarios. Son los piolines del esquema de poder tejido por Kirchner los que Schoklender, al fin y al cabo un personaje secundario de la historia, acaba de desnudar y poner en crisis. Tarde o temprano tenía que ocurrir porque ese relato imaginario tiene una base material que no se asienta en la práctica de las masas sino en una montaña de dinero. La presidencia guarda silencio y hace bien: la correntada puede llevarse el decorado, los actores, la ficción en suma. Y lo que es peor, puede llevarse un mito. Aunque traten de marginarlo del tsunami, el símbolo moral Hebe de Bonafini está maltrecho, salpicado de sospechas. Un drama para las luchas democráticas y música para los oídos de la derecha cerril. Feinmann hizo gala de una claridad meridiana cuando le reconoció a su amigo, “el Flaco”: “Haber hecho de Hebe lo que Hebe es hoy no es el menor de tus méritos”.

Clarín, 28 de mayo de 2011

viernes, 27 de mayo de 2011

Sobre lo que podemos no hacer

Giorgio Agamben

Deleuze es una ocasión definió la operación del poder como un separar a los hombres de aquello que pueden, es decir, de su potencia. Las fuerzas activas están impedidas en su ejercicio, o porque son privadas de las condiciones materiales que lo hacen posible, o porque una prohibición hace este ejercicio formalmente imposible. En ambos casos, el poder -y esta es su figura más opresiva y brutal- separa a los hombres de su potencia y, de ese modo, los vuelve impotentes. Existe, sin embargo, otra y más engañosa operación del poder, que no actúa de forma inmediata sobre aquello que los hombres pueden hacer -su potencia-, sino más bien sobre su impotencia, es decir, sobre lo que no pueden hacer, o mejor aún, pueden no hacer.
Que la potencia también es siempre constitutivamente impotencia, que todo poder hacer es ya siempre un poder no hacer, es la adquisición decisiva de la teoría de la potencia que Aristóteles desarrolla en el libro IX de Metafísica. "La impotencia (adynamía) .escribe- es una privación contraria a la potencia (dýnamis). Toda potencia es impotencia de lo mismo y respecto a lo mismo (de lo que es potencia)"(Met. 1046a,29-31). "Impotencia" no significa aquí sólo ausencia de potencia, no poder hacer, sino también y sobre todo "poder no hacer", poder no ejercer la propia potencia. Y es precisamente esa ambivalencia específica de toda potencia, que siempre es potencia de ser y no ser, de hacer y no hacer, la que define ante todo a la potencia humana. Es decir, el hombre es el ser viviente que, existiendo en el modo de la potencia, puede tanto una cosa como su contrario, ya sea hacer como no hacer. Esto lo expone, más que a cualquier otro viviente, al riesgo del error, pero a la vez le permite acumular y dominar libremente sus propias capacidades, transformarlas en "facultades". Puesto que no sólo la medida de lo que alguien puede hacer, sino también y antes que nada la capacidad de mantenerse en relación con su propia posibilidad de no hacerlo, define el rasgo de su acción. Mientras que el fuego sólo puede arder y los otros vivientes pueden sólo su propia potencia específica, pueden sólo este o aquel comportamiento inscripto en su vocación biológica, el hombre es el animal que puede su propia impotencia.
Es sobre esta otra y más oscura cara de la potencia que hoy prefiere actuar el poder que se define irónicamente como "democrático". Este separa a los hombres no sólo y no tanto de lo que pueden hacer sino sobre todo y mayormente de lo que pueden no hacer. Separado de su impotencia, privado de la experiencia de lo que puede no hacer, el hombree de hoy se cree capaz de todo y repite su jovial "no hay problema" y su irresponsable "puede hacerse", precisamente cuando, por el contrario, debería darse cuenta de que está entregado de manera inaudita a fuerzas y procesos sobre lo que ha perdido todo el control. Se ha vuelto ciego respecto no de sus capacidades sino de sus incapacidades, no de lo que puede hacer sino de lo que no puede o puede no hacer.
De aquí la confusión definitica, en nuestro tiempo, de los oficios y las vocaciones, de las identidades profesionales y los roles sociales, todos ellos personificados por un figurante cuya arrogancia es inversamente proporcional  a la provisionalidad e incertidumbre de su actuación. La idea de que cada uno pueda hacer o ser indistintamente cualquier cosa, la sospecha de que no sólo el médico que me examina podría ser mañana un videasta, sino que incluso el verdugo que me mata ya sea en realidad, como en
El proceso de Kafka, un cantante, no son sino el reflejo de la conciencia de que todos simplemente están plegándose a esa flexibilidad que hoy es la primera cualidad que el mercado exige de cada uno.
Nada nos hace tan pobres y tan pocos libres como este extrañamiento de la impotencia. Aquel que es separado de lo que puede hacer aún puede, sin embargo, resistir, aún puede no hacer. Aquel que es separado de la propia impotencia pierde, por el contrario, sobre todo, la capacidad de resitir. Y así como es sólo la ardiente conciencia de lo que no podemos ser la que garantiza la verdad de lo que somos, así también es sólo la lúcida visión de lo que no podemos o podemos no hacer la que le da consistencia a nuestro actuar.

en Desnudez, Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2011.

domingo, 22 de mayo de 2011

Borges y el policial (I)

La tensión entre crimen y relato estructura el policial desde su origen: el crimen es la condición del relato. Hay relato porque hay crimen. Pero mientras éste es enigmático y conlleva  la ausencia de sentido, aquel, por su parte, despliega sus dispositivos narrativos  para revelar la verdad. Y es aquí donde hace su entrada el detective, figura constitutiva del género. Su función  es revelar el enigma, llegar a la verdad y clausurar el relato. Dice Daniel Link en el prólogo a “El juego de los cautos”: “Si hay verdad (y no importa de que orden es esa verdad), debe haber alguien encargado de comprenderla y revelarla al lector. Es el caso del detective, que es un elemento estructural fundamental de la constitución del género. El detective, como señala Lacan, es el que ve lo que está allí pero nadie ve: el detective, podría decirse, es quien enviste de sentido la realidad brutal de lo hechos, transformando en indicios las cosas, correlacionando información que aislada carece de valor, estableciendo series y órdenes de significados que organiza en campos”.

“Emma Zunz”, el cuento de Borges, narra obsesivamente los preparativos de un crimen, a la vez que construye un relato para un lector futuro (el investigador). El relato termina donde debería comenzar la historia de la investigación. Pero sabemos que ésta no se narra. O mejor, se narra en forma desviada. “La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero era también el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios”. En efecto, Emma Zunz construye un relato verosímil, una versión de los hechos difícil de impugnar por los investigadores. Hay sentido pero desviado: ya no es la inteligencia analítica del detective la que organiza el caos de signos. La lectura posible, perversa de los hechos– que luego se revelará fatalmente única- ya se encuentra inscripta en los pliegues ocultos del crimen. “Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardo en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería”.
Usando su cuerpo como prueba, Emma Zunz construye un relato (una realidad) que se impone a todos. Si el relato, de algún modo, se clausura, no lo hace en los términos del policial clásico: la verdad no se revela; el detective fracasa. Si bien “la historia era increíble”, el lector al que está dirigida se muestra incapaz de leerla en los términos establecidos, en sus orígenes, por Poe. La verdad se obtura pero no el sentido( procedimiento, por otra parte, que Borges utiliza en otros relatos), ya que el que enviste de sentido a los hechos no es el detective, incapaz de destejer la trama secreta vislumbrada por Emma desde que recibiera la carta anunciando la muerte de su padre. Emma, entonces,  impone su mirada, o lo que es lo mismo, su lectura de los hechos. El género fracasa donde triunfa Emma: ordenar el caos de signos y (re)establecer el orden.
Si en “La muerte y la brújula”, Borges clausuraba el policial de enigma, en Emma Zunz cruza la frontera (genérica)y narra la imposibilidad del género (de un estado del género) de desnudar el carácter ficcional de la realidad.

Gerardo Zappa

viernes, 13 de mayo de 2011

Big Star

Tercer disco de Big Star, Third/Sister lovers es cautivante y desgarrador. Y Blue Moon es una balada que no tiene nada que envidiarle a la Velvet.

sábado, 7 de mayo de 2011

Kincón

En términos de publicación la obra de Miguel Briante es breve. En 1964 y antes de cumplir los veinte años publicó Las hamacas voladoras, un libro de una madurez infrecuente para alguien de su edad. Las hamacas voladoras no sólo presenta un estilo definido en sus intenciones y consumado en la escritura, donde la oralidad, la narración como centro y el uso preciso del fraseo regional generan una prosa envolvente, filosa y cautivante, sino que también -en algunos de sus cuentos- acorrala y delimita el territorio donde en lo sucesivo habrá de enclavarse la narrativa de Briante: General Belgrano y los márgenes del río Salado.


En 1968 aparece Hombre en la orilla y en 1983 Ley de juego, un libro definitivo y condensador. Uno de los grandes libros de la literatura argentina. Póstumamente se publicaron los relatos de Al mar y otros cuentos y la antología periodística Desde este mundo.

En el medio, Briante escribió su única novela. Publicada originalmente en Venezuela por la editorial Monte Avila y reeditada por Alfagura en la década del noventa, Kincón fue por mucho tiempo una obra de escasa circulación y casi desconocida en Argentina. Su libertad formal, la rigurosa contención en el manejo de un estilo que en manos menos expertas resultaría en el uso de un criollismo turístico y desbocado y la exposición estratégica en sus páginas de un estado de la lengua continental, esperan aún hoy, su merecido reconocimiento.

Kincón tiene su génesis en el cuento del mismo nombre incluido en Las hamacas voladoras. La novela lo expande y lo resignifica. Las distintas voces narradoras –que incluyen la del propio protagonista- dan a la narración una estructura coral y dan cuenta de la leyenda de un negro que llega desde el Mato Grosso a un pueblo de la provincia de Buenos Aires en los años veinte, o mejor aún, y esto es central, los retazos de historias que esas voces registran y ponen a circular. Porque para Briante, la vida de cualquier hombre, no es una hoja de ruta delimitada por fechas y acontecimientos legalizados por las formas burocráticas, sino los distintos relatos que esa vida produce y que el paso del tiempo articula e impone. Después, como en la narrativa de Briante, el lenguaje interviene y acaso interponga resistencia a los hechos narrados.


Diego Zappa