sábado, 13 de agosto de 2011
Cecil Taylor
1956. En la ciudad de Nueva York vivía Cecil Taylor, músico negro de menos de teinta años, pianista innovador en la técnica, compositor-improvisador estudioso de las tradiciones populares y cultas del siglo. Su estilo, que era su invención, ya estaba consolidado. Con la excepción de una media docena de músicos y amigos, nadie sabía lo que estaba haciendo, ni podía hacerse una idea al respecto. ¿Cómo se la habrían hecho? Lo de este joven no cabía en las líneas de lo previsible. En sus manos el piano se transformaba en un método de composición libre, sobre la marcha. Los llamados "racimos tonales" con los que se desarrolllaba su escritura momentánea ya habían sido utilizados anteriomente por Henry Cowell, aunque Cecil llevó el procedimiento a un punto en el que, por sus complicaciones armonicas, y sobre todo por la sistematización de la corriente sonora atonal en flujos tonales, no podía compararse con nada existente. La velocidad, el juego de mecánicas diferentes entrelazadas, la insistencia, las resistencias interpoladas, las repeticiones, las series, todo lo que sirviera para desinteresarse del solfeo convencional, levantaba, a espaldas de cualquier melodía o ritmo reconocible, majestuosas construcciones derrumbadas y aéreas.
César Aira, Cecil Taylor (fragmento)
viernes, 12 de agosto de 2011
Comienzos
La realidad (como las grandes ciudades) se ha extendido y se ha ramificado en los últimos años. Esto ha influido en el Tiempo: el pasado se aleja con inexorable rapidez. De la angosta calle Corrientes perduró más alguna de sus casas que su memoria; la segunda guerra mundial se confunde con la primera y hasta "las treinta caras bonitas" del Porteño están dignificadas por nuestra amnesia; el entusiasmo por el ajedrez, que levantó efímeros quioscos en tantas esquinas de Buenos Aires, donde la población competía con lejanos maestros cuyas jugadas resplandecían en tableros allegados por televisión (presunta), se ha olvidado tan perfectamente como el crimen de la calle Bustamenta, con el Campana, el Melena y el silletero, la Afirmación de los civiles, los entreveros y las "milongas" en las carpas de Adela, el señor Baigorri, que fabricaba tormentas en Villa Luro, y la semana trágica. Entonces no deberá asombrarnos que, para algún lector, el nombre de Juan Luis Villafañe carezca de evocaciones. Tampoco nos asombrará que la historia transcripta más adelante, aunque hace quince años sobrecogió al país, hoy se reciba como la tortuosa invención de una fantasia desacreditada.
Adolfo Bioy Casares.
El perjurio de la nieve.
Adolfo Bioy Casares.
El perjurio de la nieve.
jueves, 11 de agosto de 2011
Literatura y ciudad (1)
Fenomenología del domingo.
por J.P. Zooey
1. Las gentes han olvidado que hay, entre Domingo y los días comunes, una diferencia ontológica. Domingo no ocurre en el tiempo como el martes. No nace, envejece ni muere como puede hacerlo, por ejemplo, un dios. Tampoco es perpetuo. Esta hecho de la no existencia. Se dirá que todos los días surgen del lunes, y el lunes de Domingo. Pero Domingo no existe. El martes y miércoles sí, nadie podría dudarlo.
El origen de Domingo es la no existencia. Origen es aquí el originar como deber de su esencia, y aquello por medio de lo cual algo es como es, y no otra cosa. Así, la no existencia es responsable de domingo. Y a su tiempo el origen de la no existencia es domingo.
Domingo es la nada y la nada es domingo. Ambos se corresponden. Pero ninguno podría llegar a ser lo que son sin un tercer fenómeno que es el barrio porteño. Porteño significa aqui aquello que proviene del puerto y emplaza una apertura de lejanía y recibimiento. Son porteños aquellos que miran el horizonte hasta que algo se oculta o devela.
2. El barrio porteño abre una espacialidad en la cual Domingo transcurre. Pero, ¿qué es un barrio? Se dirá que Palermo es un barrio, que es algo obvio. Si interrogamos por la esencia de Palermo podremos conocer la esencia de un barrio y así llegar, caminando a Domingo.
El lenguaje ha dado a los porteños en la tradición un número limitado de barrios. Así se solía decir que Cahacarita era un barrio, como también lo era Villa Crespo. En sus límites demarcaban a Palermo. En la actualidad las cosas han cambiado. Palermo se ha extendido a toda la espacialidad urbana perdiendo así los límites que abrigaban su esencia. De este modo y no de otro Chacarita es Palermo Dead, y Villa Crespo, Palermo Brooklin. El abasto ha perdido su nombre y se lo señala como Palermo Cuzco. Y así las gentes hablan de Las Cañitas, antaño abierto a las caballerizas, como Palermo Visa. El tradicional barrio de Belgrano siempre se ha distinguido entre los porteños, y en la actualidad se lo nombre como It´ not Palermo. Los márgenes de Palermo se extinguen en el Gran Buenos Aires, y a Quilmes se lo ha denominado Palermo Beer. Hacia el norte y el sur, el este y el oeste, Palermo estiende su sombra y objetos de diseño y decoración. Irradia la gran vidriera y la buena onda desde su centro neurálgico, la placita Cortázar, donde un padre hamaca a su hijo sin saber que con ese movimiento de vaivén da vida al corazón de un pobre universo.
Palermo está presente como constante en el espacio porteño. Constante es aquí aquello que aparece sin que se lo llame y no se marcha aunque sea de noche. Palermo decora las casas y dispone los perfumes del ambiente. Palermo no es porteño. No emplaza una lejanía ni se funda en un horizonte. Es siempre presencia. Llegará el día en que nunca esté nublado en Palermo, ni reconozca al sol.
4.(...) ¿Cuál es entonces el mercado que fija una circunferencia y da vida al antibarrio de Palermo? ¿Cuál es el aguijón que punza el espíritu extendido de Palermo amenazándolo y salvándolo a la vez? El Once.
Palermo se extiende por toda la espacialidad nublando el horizonte del porteño. El Once lo abastece. Abastece dice aquí el producir y exportar objetos con la finalidad de ser vendidos al pseudosnob. Pseudosnob es en su plenitud aquel que camina por Palermo.
En el corazón de Palermo el pingüino de cerámica blanca yace en el estante de vidrio junto al muñeco colgante de Elvis Presley. Tiene la vista fija en un sillón individual forrado en cuero de vaca. Entre el pingüino y la vaca se espacia un terruño pampeano y la tenue melancolía de una Patagonia hecha de hielo celeste y sol. Entre ellos yace la flacucha vendedora, obvio. Conversa entre monosílabos y risitas con un muchaco pelirrojo, obvio. Cada uno tiene medio corazón cortado por la misma tijera roja, que está también en la venta. El pingüino, el sillón forrado de vaca, los termos de color metalizado, y los dos corazones rotos se han comprado en Once. Palermo sólo agrega el diseño. Diseño significa aquí aquello que otorga una seña. La seña de que el objeto pertenece ahora a Palermo. Palermo es aquello que está en venta como Palermo(...)
Sol artificial (fragmento), Paradiso, Buenos Aires, 2009.
por J.P. Zooey
1. Las gentes han olvidado que hay, entre Domingo y los días comunes, una diferencia ontológica. Domingo no ocurre en el tiempo como el martes. No nace, envejece ni muere como puede hacerlo, por ejemplo, un dios. Tampoco es perpetuo. Esta hecho de la no existencia. Se dirá que todos los días surgen del lunes, y el lunes de Domingo. Pero Domingo no existe. El martes y miércoles sí, nadie podría dudarlo.
El origen de Domingo es la no existencia. Origen es aquí el originar como deber de su esencia, y aquello por medio de lo cual algo es como es, y no otra cosa. Así, la no existencia es responsable de domingo. Y a su tiempo el origen de la no existencia es domingo.
Domingo es la nada y la nada es domingo. Ambos se corresponden. Pero ninguno podría llegar a ser lo que son sin un tercer fenómeno que es el barrio porteño. Porteño significa aqui aquello que proviene del puerto y emplaza una apertura de lejanía y recibimiento. Son porteños aquellos que miran el horizonte hasta que algo se oculta o devela.
2. El barrio porteño abre una espacialidad en la cual Domingo transcurre. Pero, ¿qué es un barrio? Se dirá que Palermo es un barrio, que es algo obvio. Si interrogamos por la esencia de Palermo podremos conocer la esencia de un barrio y así llegar, caminando a Domingo.
El lenguaje ha dado a los porteños en la tradición un número limitado de barrios. Así se solía decir que Cahacarita era un barrio, como también lo era Villa Crespo. En sus límites demarcaban a Palermo. En la actualidad las cosas han cambiado. Palermo se ha extendido a toda la espacialidad urbana perdiendo así los límites que abrigaban su esencia. De este modo y no de otro Chacarita es Palermo Dead, y Villa Crespo, Palermo Brooklin. El abasto ha perdido su nombre y se lo señala como Palermo Cuzco. Y así las gentes hablan de Las Cañitas, antaño abierto a las caballerizas, como Palermo Visa. El tradicional barrio de Belgrano siempre se ha distinguido entre los porteños, y en la actualidad se lo nombre como It´ not Palermo. Los márgenes de Palermo se extinguen en el Gran Buenos Aires, y a Quilmes se lo ha denominado Palermo Beer. Hacia el norte y el sur, el este y el oeste, Palermo estiende su sombra y objetos de diseño y decoración. Irradia la gran vidriera y la buena onda desde su centro neurálgico, la placita Cortázar, donde un padre hamaca a su hijo sin saber que con ese movimiento de vaivén da vida al corazón de un pobre universo.
Palermo está presente como constante en el espacio porteño. Constante es aquí aquello que aparece sin que se lo llame y no se marcha aunque sea de noche. Palermo decora las casas y dispone los perfumes del ambiente. Palermo no es porteño. No emplaza una lejanía ni se funda en un horizonte. Es siempre presencia. Llegará el día en que nunca esté nublado en Palermo, ni reconozca al sol.
4.(...) ¿Cuál es entonces el mercado que fija una circunferencia y da vida al antibarrio de Palermo? ¿Cuál es el aguijón que punza el espíritu extendido de Palermo amenazándolo y salvándolo a la vez? El Once.
Palermo se extiende por toda la espacialidad nublando el horizonte del porteño. El Once lo abastece. Abastece dice aquí el producir y exportar objetos con la finalidad de ser vendidos al pseudosnob. Pseudosnob es en su plenitud aquel que camina por Palermo.
En el corazón de Palermo el pingüino de cerámica blanca yace en el estante de vidrio junto al muñeco colgante de Elvis Presley. Tiene la vista fija en un sillón individual forrado en cuero de vaca. Entre el pingüino y la vaca se espacia un terruño pampeano y la tenue melancolía de una Patagonia hecha de hielo celeste y sol. Entre ellos yace la flacucha vendedora, obvio. Conversa entre monosílabos y risitas con un muchaco pelirrojo, obvio. Cada uno tiene medio corazón cortado por la misma tijera roja, que está también en la venta. El pingüino, el sillón forrado de vaca, los termos de color metalizado, y los dos corazones rotos se han comprado en Once. Palermo sólo agrega el diseño. Diseño significa aquí aquello que otorga una seña. La seña de que el objeto pertenece ahora a Palermo. Palermo es aquello que está en venta como Palermo(...)
Sol artificial (fragmento), Paradiso, Buenos Aires, 2009.
martes, 9 de agosto de 2011
jueves, 4 de agosto de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
Sobre internas abiertas, el FIT y la intelectualidad
Entrevista del Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx a Jorge Panesi
-¿Qué reflexión te merece el mecanismo de las internas abiertas y la exigencia de obtener 400 mil votos para presentar candidatos en las elecciones en octubre?
Jorge Panesi: La primera palabra que me surge (como me surge cada vez que pienso en el kirchnerismo) es “trampa”. Pero tiene su lógica de almacenero: se trata de acallar a los sectores políticos que llevan adelante una crítica sin concesiones, a los que más molestan, esto es, a la auténtica izquierda. Es el principal blanco de la ley de primarias abiertas y obligatorias. Y esto el gobierno lo hace con el aval y la complacencia de los que se reparten los dividendos del poder, los partidos llamados tradicionales, autores de los más grandes despojos económicos que hemos sufrido en estos decenios: el radicalismo y el mantel de retazos que el mismo kirchnerismo supo bordar dentro del partido justicialista. Son imágenes del mismo espejo: feudalismo provincial, lleno de enredos, corrupción y desdén por las masas populares. Con estos sectores políticos el kirchnerismo tiene, a pesar de las apariencias belicosas, una armonía preestablecida, que la izquierda con su sola presencia amenaza. Es más fácil transar con estos eventuales cómplices, como quedó establecido con la candidatura de Cobos, ido y vuelto del radicalismo, o con Fabiana Ríos, escapada de la Coalición Cívica, o establecer un pacto de silencio con Menem, provisorio escapado de la Justicia; la ley es parte de un proyecto político hegemónico a largo plazo. Tiene una fachada democrática que esconde un verdadero juego de exclusión.
-¿Por qué votar por el Frente de Izquierda el 14 de agosto?
Panesi: El Frente de Izquierda es la única garantía de que un discurso verdaderamente crítico y, por lo tanto, de defensa de los intereses populares tenga una representación que contrapese el discurso insípido de la llamada “oposición” y la farsa del kirchnerismo. Votar por el Frente es no olvidar que los aliados ya sean circunstanciales o íntimos del gobierno son los que han matado a Mariano Ferreyra. Son nuestros enemigos. No nos engañan las disputas entre la frívola mandataria hotelera y los engordados magnates de la CGT, forman parte del mismo barro, son intercambiables. Digo “farsa” porque desde la tergiversación estadística (o para decirlo más jurídicamente, “desde la adulteración de documentos públicos”), hasta la aniquilación de los propios amigos y la protección a las corporaciones, el kirchnerismo es una farsa ideológica que enchastra cuanto toca, sean los derechos humanos hasta el fútbol o la diversión. Sólo el Frente de Izquierda garantiza la implacable tenacidad de quienes no se dejan engañar por el soborno o las chafalonías de bazar que proponen el gobierno y los partidos burgueses.
-¿Qué opinión te merece el hecho de que Carta Abierta no se haya pronunciado respecto a los mecanismos de las internas de agosto que pueden impedir que el FIT se presente a elecciones presidenciales en octubre?
Panesi: ¿De qué extrañarse? El bureau fabricante de ideología –esa es toda la actividad crítica de quienes se aliaron sobre todo para defender sus puestos de funcionarios, o lo que es peor, para congraciarse sumisamente con el poder– no produce más que torpes gestos de apoyo inconcebibles para quienes han cacareado su postura “crítica”. La carta “abierta”, que me gusta llamar “carta lacrada” (recuerda más la lacra que el lacre) se encierra en su incondicional sumisión al gobierno, y no podría por definición, más que avalar su política electoral. Y, como se vio, poco importa si esta política es o no una rabiosa inconsistencia que puede ser contraproducente para el propio sector dominante. Ser críticos de esta maniobra sería claramente pasar por desobedientes del amo, y en la lógica del grupo gobernante la crítica sería claramente pasarse al otro bando, la traición. ¿Alguien contó el tendal de “traidores” que ha dejado el doble gobierno kirchnerista? La carta lacrada o el Té en la Biblioteca están condenados a ser un pensamiento esclavo que depende de las coyunturas que le interesan al gobierno. La “carta” no es “abierta”, es una carta encadenada a la mala fe. Y a la tristeza de sus pobres argumentos en los que es difícil reconocerse. Porque toda crítica intelectual es siempre y en última instancia, destituyente. Como dijo Viñas: no se puede ser intelectual y apoyar el pensamiento oficial.
-¿Qué tiene planteado el espacio que se conformó de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT de cara a la elección de agosto?
Panesi: No sé si hay tiempo ya, pero habría que insistir en las contradicciones de esta ley, que fue ideada por Kirchner en otro momento de la coyuntura política. En la confusión sólo puede haber réditos para el gobierno. Habría que denunciar con todos los medios posibles la maniobra segregadora de la que la principal perjudicada es la izquierda. Hay que decirlo en la campaña, y más allá de ella, en nuestros lugares de acción o de trabajo. Es la principal estrategia que nos imponen las circunstancias
-¿Qué reflexión te merece el mecanismo de las internas abiertas y la exigencia de obtener 400 mil votos para presentar candidatos en las elecciones en octubre?
Jorge Panesi: La primera palabra que me surge (como me surge cada vez que pienso en el kirchnerismo) es “trampa”. Pero tiene su lógica de almacenero: se trata de acallar a los sectores políticos que llevan adelante una crítica sin concesiones, a los que más molestan, esto es, a la auténtica izquierda. Es el principal blanco de la ley de primarias abiertas y obligatorias. Y esto el gobierno lo hace con el aval y la complacencia de los que se reparten los dividendos del poder, los partidos llamados tradicionales, autores de los más grandes despojos económicos que hemos sufrido en estos decenios: el radicalismo y el mantel de retazos que el mismo kirchnerismo supo bordar dentro del partido justicialista. Son imágenes del mismo espejo: feudalismo provincial, lleno de enredos, corrupción y desdén por las masas populares. Con estos sectores políticos el kirchnerismo tiene, a pesar de las apariencias belicosas, una armonía preestablecida, que la izquierda con su sola presencia amenaza. Es más fácil transar con estos eventuales cómplices, como quedó establecido con la candidatura de Cobos, ido y vuelto del radicalismo, o con Fabiana Ríos, escapada de la Coalición Cívica, o establecer un pacto de silencio con Menem, provisorio escapado de la Justicia; la ley es parte de un proyecto político hegemónico a largo plazo. Tiene una fachada democrática que esconde un verdadero juego de exclusión.
-¿Por qué votar por el Frente de Izquierda el 14 de agosto?
Panesi: El Frente de Izquierda es la única garantía de que un discurso verdaderamente crítico y, por lo tanto, de defensa de los intereses populares tenga una representación que contrapese el discurso insípido de la llamada “oposición” y la farsa del kirchnerismo. Votar por el Frente es no olvidar que los aliados ya sean circunstanciales o íntimos del gobierno son los que han matado a Mariano Ferreyra. Son nuestros enemigos. No nos engañan las disputas entre la frívola mandataria hotelera y los engordados magnates de la CGT, forman parte del mismo barro, son intercambiables. Digo “farsa” porque desde la tergiversación estadística (o para decirlo más jurídicamente, “desde la adulteración de documentos públicos”), hasta la aniquilación de los propios amigos y la protección a las corporaciones, el kirchnerismo es una farsa ideológica que enchastra cuanto toca, sean los derechos humanos hasta el fútbol o la diversión. Sólo el Frente de Izquierda garantiza la implacable tenacidad de quienes no se dejan engañar por el soborno o las chafalonías de bazar que proponen el gobierno y los partidos burgueses.
-¿Qué opinión te merece el hecho de que Carta Abierta no se haya pronunciado respecto a los mecanismos de las internas de agosto que pueden impedir que el FIT se presente a elecciones presidenciales en octubre?
Panesi: ¿De qué extrañarse? El bureau fabricante de ideología –esa es toda la actividad crítica de quienes se aliaron sobre todo para defender sus puestos de funcionarios, o lo que es peor, para congraciarse sumisamente con el poder– no produce más que torpes gestos de apoyo inconcebibles para quienes han cacareado su postura “crítica”. La carta “abierta”, que me gusta llamar “carta lacrada” (recuerda más la lacra que el lacre) se encierra en su incondicional sumisión al gobierno, y no podría por definición, más que avalar su política electoral. Y, como se vio, poco importa si esta política es o no una rabiosa inconsistencia que puede ser contraproducente para el propio sector dominante. Ser críticos de esta maniobra sería claramente pasar por desobedientes del amo, y en la lógica del grupo gobernante la crítica sería claramente pasarse al otro bando, la traición. ¿Alguien contó el tendal de “traidores” que ha dejado el doble gobierno kirchnerista? La carta lacrada o el Té en la Biblioteca están condenados a ser un pensamiento esclavo que depende de las coyunturas que le interesan al gobierno. La “carta” no es “abierta”, es una carta encadenada a la mala fe. Y a la tristeza de sus pobres argumentos en los que es difícil reconocerse. Porque toda crítica intelectual es siempre y en última instancia, destituyente. Como dijo Viñas: no se puede ser intelectual y apoyar el pensamiento oficial.
-¿Qué tiene planteado el espacio que se conformó de intelectuales, docentes y artistas en apoyo al FIT de cara a la elección de agosto?
Panesi: No sé si hay tiempo ya, pero habría que insistir en las contradicciones de esta ley, que fue ideada por Kirchner en otro momento de la coyuntura política. En la confusión sólo puede haber réditos para el gobierno. Habría que denunciar con todos los medios posibles la maniobra segregadora de la que la principal perjudicada es la izquierda. Hay que decirlo en la campaña, y más allá de ella, en nuestros lugares de acción o de trabajo. Es la principal estrategia que nos imponen las circunstancias
jueves, 28 de julio de 2011
martes, 26 de julio de 2011
El crack-up
Francis Scott Fitzgerald
Febrero de 1936
Toda vida es un proceso de demolición, por supuesto, pero los efectos de los golpes que hacen la parte dramática del trabajo-los grandes golpes súbitos que vienen o parecen venir de afuera, los que uno recuerda, los que carga con las culpas, los que en momentos de debilidad les cuenta a los amigos- no se muestran en el acto. Hay otra clase de golpe que viene de adentro, que no se siente hasta que ya es tarde para tomar alguna medida, hasta que uno entiende irrevocablemente que en algunos aspectos nunca volverá a ser tan buen hombre como antes. La primera clase de rotura da la impresión de suceder rápido; la segunda clase ocurre casi sin que uno sepa, pero se hace consciente bien de repente.
El crack-up, Buenos Aires, junio de 2011.
Febrero de 1936
Toda vida es un proceso de demolición, por supuesto, pero los efectos de los golpes que hacen la parte dramática del trabajo-los grandes golpes súbitos que vienen o parecen venir de afuera, los que uno recuerda, los que carga con las culpas, los que en momentos de debilidad les cuenta a los amigos- no se muestran en el acto. Hay otra clase de golpe que viene de adentro, que no se siente hasta que ya es tarde para tomar alguna medida, hasta que uno entiende irrevocablemente que en algunos aspectos nunca volverá a ser tan buen hombre como antes. La primera clase de rotura da la impresión de suceder rápido; la segunda clase ocurre casi sin que uno sepa, pero se hace consciente bien de repente.
El crack-up, Buenos Aires, junio de 2011.
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