viernes, 22 de julio de 2011

martes, 12 de julio de 2011

Ballard

Estos relatos son tan austeros y elegantes como la vieja edición de Minotauro. Diré –con cierta pereza- que son cuentos de ciencia ficción.  Su mayoría transcurre en un futuro indeterminado, ese tópico espacio temporal que el género adoptó por comodidad narrativa. Sin embargo, con la ventaja que nos permite la mirada retrospectiva, y ahora que la vieja idea independentista de los Estado-Nación ha desaparecido a favor del mundo globalizado, y que la formulación foucaultiana del biopoder, encuentra su rigurosa aplicación en las políticas represivas, disciplinarias y normativas de esos mismos estados, algunos de los cuentos de Bilenio,  asfixiantes y opresivos, despojados de todo énfasis y de esa intensidad progresiva y esquemática que alimenta la expectación del lector, pueden leerse como esquirlas y aproximaciones proféticas a otras formas del  análisis sociológico y del texto político.

Diego Zappa

lunes, 4 de julio de 2011

¿Era San Pablo un positivista ideológico?

Alejandro Bottini Bulit

1.        Introducción.
2.        San Pablo, un positivista ideológico en el naciente cristianismo.
3.        Pero, ¿por qué razón San Pablo fue un positivista ideológico?

  1. Introducción.
San Pablo era, desde el punto de vista iusfilosófico, un positivista ideológico. O, por lo menos, es lo que se desprende de alguna de las Epístolas que, canónicamente, se le atribuyen.
Esta afirmación puede resultar un tanto extraña, incluso sospechosa. ¿Un Padre de la Iglesia, el Apóstol de los gentiles, sosteniendo una filosofía positivista? Resulta más razonable, a primera vista, suponer que en el pensamiento de San Pablo irrumpe el germen de la teoría teológica iusnaturalista, aquella que, siglos más tarde, llegaría por medio de Santo Tomás a su más perfecta expresión. Sin embargo no es así y este escrito pretenderá demostrarlo.

  1. San Pablo, un positivista ideológico en el naciente cristianismo.
            Dentro del iusnaturalismo ha tenido una importancia relevante la doctrina de Santo Tomás de Aquino. En cuanto a la relación entre derecho y moral social el Doctor Angélico plantea la existencia de un derecho natural que forma parte del orden universal y cuyo origen y fuente es Dios. Para esta corriente del iusnaturalismo, denominada teológica, ningún orden positivo tiene fuerza obligatoria si no se adecua a este derecho natural derivado de Dios[1].
San Pablo parte justamente de una posición diametralmente opuesta: toda autoridad pública, por el hecho de existir, proviene de Dios y debe ser respetada. Veamos lo que señala al respecto en la Epístola a los Romanos[2]:
“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre si mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cundo se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella elogios, pues es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero si obras el mal, teme; pues no en vano lleva espada; pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal. Por tanto, es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia. Por eso precisamente pagáis los impuestos, porque son funcionarios de Dios, ocupados asiduamente en ese oficio. Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor”[3].

La estructura lógica de esta parte de la Epístola a los Romanos es muy clara: toda autoridad pública, toda autoridad constituida y todos los actos derivados de ella, por el hecho de serlos, deben ser respetados, pues esta es la voluntad divina. Hay que obedecer a la autoridad, a los magistrados y sus leyes pues provienen de Dios y por Dios han sido establecidos. Como puede observarse este razonamiento resulta propio del denominado positivismo ideológico y a continuación será comprobado.
¿Qué elementos definen al positivismo ideológico? Fundamentalmente dos premisas: que todo derecho vigente debe ser obedecido y que no es necesario que el ordenamiento jurídico se ajuste a determinados preceptos morales[4]. Pero, en definitiva, lo verdaderamente esencial en el positivismo ideológico es la creencia de que existe un solo principio moral que debe ser seguido: el que obliga a no apartarse de lo ordenado (aún de lo jurídicamente ordenado) por las autoridades[5]. Esto es justamente lo que nos dice el positivista ideológico San Pablo: sométanse todos a las autoridades constituidas.
No importa que en algún punto del razonamiento paulino aparezca Dios, pues este componente no modifica su posición iusfilosófica. Y no lo hace pues lo significativo es el último lugar que ocupa la divinidad en la estructuración de su razonamiento. Préstese atención: él no dice “si la autoridad proviene de Dios debe obedecerse” o “la ley que proviene de Dios es derecho”, proposiciones que bien podrían ser suscriptas por un iusnaturalista. Pablo afirma “por ser autoridad proviene de Dios y debe obedecerse” que tiene la misma estructuración que la proposición que señala que “todo derecho vigente debe obedecerse”. Las diferencias entre estas y aquellas son esenciales, tantas como las que existen entre el positivismo ideológico y el iusnaturalismo[6].

  1. Pero, ¿por qué razón San Pablo fue un positivista ideológico?
            Resulta interesante, en este punto, realizar una aproximación al tiempo en que San Pablo desarrolló su apostolado, a los efectos de intentar encontrar algún justificativo histórico a su posición iusfilosófica.
Aproximadamente en el año 50 de nuestra era se produce un hecho trascendental en la que era, hasta ese momento, una secta judía milenarista más, como muchas de las que abundaban por palestina proclamando el fin de los tiempos[7]. Tan trascendental, tan importante fue este acontecimiento, que sentó las bases conceptuales que sirvieron para transformar a esa secta judía, minoritaria y disidente, en el germen de una nueva religión con pretensiones universales, católicas. Ese hecho, que mucho más tarde fue denominado como Concilio de Jerusalén, fue la reunión de los seguidores de Jesús de Nazaret, que había sido crucificado unos años antes en esa misma ciudad.
El problema crucial de esta iglesia naciente era definir el alcance del mensaje de Jesús: ¿debía llegar a todos los pueblos o estaba destinado, exclusivamente, a los que abrazaban la religión de Moisés? La discusión suscitada en la Asamblea de Jerusalén no fue menor: ¿debían los gentiles que adoptaban las enseñanzas de Jesús seguir todas las leyes judías, entre ellas la circuncisión? Había dos grandes grupos en pugna. Uno, formado por los fariseos convertidos al cristianismo y ancianos de Judea, que propugnaban el respeto absoluto a la ley mosaica, afirmando que, para la salvación, era necesario someterse al rito judío[8]. Este sector se agrupaba alrededor de Santiago, el hermano de Jesús. Por otro lado estaba el grupo helenista, liderado por Saulo, Pablo de Tarso, que afirmaba la existencia de una nueva alianza entre Dios y el hombre a través de Jesucristo su hijo, alianza que no requería, necesariamente, el respeto a la ley (hebrea) y al rito de la circuncisión. Cuando San Pablo plantea que el cristiano se encuentra libre de la ley, está señalando la ruptura con la ley mosaica en virtud de la nueva gracia a partir de Jesucristo. Para San Pablo la ley (ley mosaica) es buena, puesto que expresa la voluntad de Dios, pero sin Cristo y su gracia, sin su fuerza interior, es incapaz de conferir justicia[9].
Pablo, San Pablo, predicaba para los gentiles, para aquellos que no eran judíos. Ni del relato de los Hechos de los Apóstoles ni de la Epístola a los Gálatas de San Pablo[10] resulta muy claro que alguna de estas posiciones haya triunfado en el Concilio. Tal vez lo más apropiado sería señalar que se arribó a una solución transaccional: Pablo lideraría la evangelización de los gentiles, Pedro, Santiago y Juan la de los circuncisos. El triunfo histórico, y definitivo, de la postura que Pablo sostuvo no se produjo sino hasta veinte años después, en el año 70, luego de la caída de Jerusalén y por el debilitamiento y desaparición por la reabsorción en el tronco de la ortodoxia hebrea de los grupos cristianos judaizantes. La posición de Pablo sembró los cimientos para que las ideas heterodoxas de una secta judía periférica en los confines del mundo romano pasara a convertirse, en muy pocos siglos, en la religión oficial del imperio más grande de la tierra.
Y acá puede definirse la primera conjetura histórica sobre el motivo del positivismo ideológico del Apóstol.
Pablo vivía en un mundo en donde nadie, o casi nadie, ponía en duda la legitimidad de la autoridad romana y de su ley. Dentro del mundo romano, las primitivas comunidades cristianas buscaban ganar nuevos adeptos entre los gentiles evitando la desconfianza de los gobernantes romanos. Por eso propugnaban y fomentaban la obediencia civil, aún en los casos en que eran perseguidos por las autoridades del Imperio. Desde esta concepción es posible encontrar en la postura de San Pablo algo más que un simple desapego a las cuestiones no religiosas y políticas y emparentar su postura con la necesaria cautela del conductor de una comunidad minoritaria que buscaba expandirse.

Pero puede intentarse también otra arista interpretativa. Roma fue, en general, un imperio muy tolerante con las dos grandes culturas religiosas y filosóficas mediterráneas: el helenismo y el judaísmo. Por otro lado, ambas culturas se influenciaron mutuamente, fundamentalmente a través de la importante diáspora judía en territorios bajo predominio de la cultura griega. En Alejandría, Antioquia, Tarso, Efeso y en la propia Roma existían importantes comunidades hebreas que recibían influjos de la cultura helénica, al punto de poder decir que, en algunos aspectos, el judaísmo de la diáspora se helenizó. Pero también, en un juego de influencias recíprocas, es destacable la ascendencia que la religión judía, su monoteísmo y dinamismo, tuvo en un sinnúmero de gentiles que se transformaron en “temerosos de Dios”. Sobre estas comunidades y sus áreas de influencia gentil crecería el primitivo cristianismo, siendo su apóstol y lider San Pablo.
Saulo de Tarso, Pablo, San Pablo, fue precisamente un producto del sincretismo entre la cultura judía y la helénica. Judío de nacimiento y con una profunda formación religiosa según las doctrinas fariseas, en sus años jóvenes fue un ferviente perseguidor de cristianos. Luego de una experiencia religiosa en el camino de Damasco, que él calificó de revelación, y por la propia aparición del Jesús resucitado, recibió el evangelio (la buena nueva) y se convirtió al cristianismo. Es decir, San Pablo no había conocido al Jesús histórico. “Pablo es un apasionado, un alma en fuego que se entrega sin medida a un ideal. Y este ideal es esencialmente religioso. Dios es todo para él, y a Dios sirve con una lealtad absoluta, primero persiguiendo a los que considera herejes… luego predicando a Cristo…”[11].
            Tal vez desde el punto de vista de su formación personal el positivismo ideológico de San Pablo no sea otra cosa que la resultante de la conjunción de su educación religiosa, el influjo de la cultura clásica y de su prédica posterior en comunidades judías de la diáspora o frente a los gentiles, todos ellos imbuidos e influenciados por la cultura griega.
En cuanto a su formación religiosa, todavía se observan en el discurso paulino resabios de la asimilación total que, para los judíos, tenía la ley con Dios: la ley era la Ley Divina, no existía otra, no había posibilidad de separación. Las normas religiosas eran también normas jurídicas, sujetas a la supervisión de las autoridades: la organización de la sociedad era teocrática.
En cuanto al influjo de la cultura helénica es de destacar, como sostiene Farrell, que la primacía del derecho nació en Grecia y lo hizo bajo el signo del positivismo ideológico[12]. Entonces también a partir de los ecos de esta influencia no resulta sorprendente  la afirmación que pretende justificar este escrito: San Pablo era un positivista ideológico.



ANEXO
A continuación se transcribe otra traducción de la Carta a los Romanos 13 1-7,
 “Cada uno en esta vida debe someterse a las autoridades. Pues no hay autoridad que no venga de Dios, y los cargos públicos existen por voluntad de Dios. Por lo tanto, el que se o09ne a la autoridad se rebela contra un decreto de Dios y tendrá que responder por esa rebeldía. No ha por qué temer a las autoridades cuando se obra bien, pero sí cuando se obra mal. ¿Quieres vivir sin tener miedo a las autoridades? Pórtate bien y te felicitarán. Han recibido de Dios la misión de llevarte al bien. Y si te portas mal, témelas, pues no tienen las armas sin razón. También tienen misión de Dios para castigar a los malhechores. Así, pues, hay que obedecer, pero o solamente por miedo al castigo, sino por deber de conciencia. Por la misma razón pagan los impuestos y deben considerar a quienes los cobran como funcionarios de Dios. Den, pues, a cada uno lo que le corresponde: el impuesto, si se le debe impuesto; las tasas, si se le deben tasas; obediencia, si corresponde obedecer; respeto, sise le debe respeto”[13].


[1] De esta forma, “la ley humana para ser ley debe ser compatible con los preceptos del derecho natural y debe o bien ser deducible de ese derecho o limitarse a completarlo, estableciendo los detalles que él deja indeterminados”. Nino, Carlos Santiago, Introducción al análisis del derecho, Buenos Aires, Astrea, 1996, 2ª edición, 8ª reimpresión, p. 387.
[2] La Epístola a los Romanos tal vez sea, después de los cuatro evangelios, la parte del Nuevo Testamente que más ha influido en la historia del cristianismo. Es, en gran parte, una extensa exposición no sistematizada sobre la vocación cristiana. No es un tratado de teología, son más bien comentarios sobre puntos específicos. Sin embargo su importancia es impresionante. Ha marcado, entre otros, a San Agustín y a Lutero y, entre otras cuestiones, abre el debate sobre la salvación: sólo mediante la fe, por la fe y las obras o por la fe, las obras y los sacramentos. La traducción que se sigue pertenece a la Biblia de Jerusalén, edición española dirigida por José Ángel Ubieta, Bilbao, Desclee de Brouwer, 1975. Debe destacarse que otras traducciones se refieren a este texto bajo el nombre de Carta a los Romanos.
[3] Ro 13 1-7, Biblia de Jerusalén, edición española dirigida por José Ángel Ubieta, Bilbao, Desclee de Brouwer, 1975, p. 228. Como Anexo puede observarse la traducción proveniente del Nuevo Testamento, Edición Pastoral, Sociedad Bíblica Católica Internacional, Buenos Aires. Si bien el lenguaje en esa versión parece menos rígido, el concepto central y la filosofía subyacente permanecen inalterables.
[4] “El positivismo ideológico sostiene, a la vez, dos cosas: a) que no es necesario que el sistema jurídico se ajuste a los preceptos de la moral para merecer el nombre de derecho, y b) que es obligatorio obedecer al derecho”. Farrell, Martín D., ¿Discusión entre el derecho natural y el positivismo jurídico?, p. 123.
[5] “En definitiva, el positivismo ideológico es una posición valorativa que sostiene que los jueces deben tener en cuenta en sus decisiones un solo principio moral: el que prescribe observar todo lo que dispone el derecho vigente”, Nino, Carlos Santiago, Introducción al análisis del derecho, Buenos Aires, Astrea, 1996, 2ª edición, 8ª reimpresión, p. 34.
[6] “El positivista ideológico cree que al describir algo como derecho ya lo ha justificado. En el otro extremo del segmento, el iusnaturalista cree que no se puede describir algo como derecho sin haberlo antes justificado”. Farrell, Martín, La primacía del derecho y sus transformaciones sucesivas, p. 9. O también, el positivismo ideológico “combina espuriamente una definición de derecho en términos puramente fácticos, como la que los positivistas propugnan (por ejemplo “el derecho es el conjunto de normas impuestas por los que tienen el monopolio de la fuerza en una sociedad”) con la idea iusnaturalista de que toda norma jurídica tiene fuerza obligatoria moral (idea que es coherente con la posición iusnaturalista de que una regla no es jurídica si no satisface exigencias morales o de justicia)”. Nino, Carlos Santiago, Introducción al análisis del derecho, Buenos Aires, Astrea, 1996, 2ª edición, 8ª reimpresión, p. 33
[7] Los comentarios sobre la vida de San Pablo y sobre el cristianismo de los primeros tiempos han sido tomados, fundamentalmente, de las siguientes fuentes: Johnson, Pau, Historia del Cristianismo, Barcelona, Vergara, 1999; Biblia de Jerusalén, edición española dirigida por José Ángel Ubieta, Bilbao, Desclee de Brouwer, 1975, fundamentalmente su Introducción a los Hechos de los Apóstoles; Nuevo Testamento, Edición Pastoral, Sociedad Bíblica Católica Internacional, Buenos Aires, 2007.
[8] “Pero algunos de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, se levantaron para decir que era necesario circuncidar a los gentiles y mandarles guardar la Ley de Moisés”. Hch 15 5,
[9] “Sin embargo, yo no conocí el pecado sino por la ley”. Ro 7 7 y a esto mismo se refiere en Ga 3 11-13 cuando señala que “Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues el justo vivirá por la fe; pero la ley no procede de la fe, sino que quien practique sus preceptos, vivirá por ellos. Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros…”.
[10] Hch 15, Ga 2 11-21.
[11] Biblia de Jerusalén, edición española dirigida por José Ángel Ubieta, Bilbao, Desclee de Brouwer, 1975, p. 205 Introducción a las Epístolas de San Pablo.
[12] Farrell, Martín, La primacía del derecho y sus transformaciones sucesivas, p. 4.
[13] Ro 13 1-7, Nuevo Testamento, Edición Pastoral, Sociedad Bíblica Católica Internacional, Buenos Aires, 2007, p. 442.

miércoles, 29 de junio de 2011

Más Spencer Holst

En el prólogo de Rodrigo Fresán a la segunda edición de El idioma de los gatos hay una cita de John Cage que dice así. "Estas historia fueron escritas ejecutando la máquina de escribir. Su autor es un mago; lo que significa que uno puede leer una historia, pueda saberla de memoria, puede haber visto cómo se la escribía...pero aún así no comprender como se la consiguió. Y la máquina de escribir que el autor utiliza es una máquina de escribir común y corriente."
Los relatos engañosamente transparentes  de Holst son fábulas modernas destinadas a la eternidad.
En el Otro impostor una tenue levedad conecta con cierta zona kafkiana.


Otro impostor

Hubo una vez un playboy millonario que se quemó la cara en un accidente de automóvil.
Después de los cual se volvió un recluso, dejó de ver a sus amigos y vivió en su gran casa de piedra en un vasto predio del que no salía nunca.
Rumores extravagantes corrían sobre él, sobre el esplendor de su vida, sobre los vinos raros que bebía, y mujeres, allí había mujeres, se susurraba, y decían que tenía grandes colecciones de cosas como obras de arte y libros y tambores y dagas, y decían que mantenía peces vivos en su piscina secreta, en algún lugar bien guardado por los muros de su casa impenetrable.
Su teatro estaba en el techo, y solía contratar elencos enteros de Broadway para que actuaran allí para él, y luminarias de la danza y el concierto iban a interpretar para él.
Nunca hablaba con ninguna de las luminarias que iban a su casa, pero ellas solían verlo casualmente más allá de las candilejas, con una máscara negra cubriéndole la cara, lánguidamente arrellanado en su cómoda butaca, la única butaca del teatro, fumando un cigarro o, tal vez, con una bebida purpúrea.
El millonario no hablada con nadie.
Su mensajero con el mundo era su mayordomo, que pagaba sus cuentas, preparaba sus diversiones y era entrevistado por la prensa, y que, de esta manera, a causa de su especial relación con el millonario, se hizo también famoso.
Un día, un actor que se sentía muy deprimido porque no tenía trabajo, estaba sentado en la cafetería del Waldorf, leyendo un diario.
Leyó un artículo sobre el millonario excéntrico y se dio cuenta- era casi de la misma altura y de la misna contextura que este millonario, tenía casi la misma edad- y se dio cuenta de que si él pudiese, de alguna manera, matar al millonario y ocupar su lugar, sería fácil personificar a ese hombre que no hablaba con nadie y usaba una máscara negra sobre su rostro.
Sin embargo, tuvo miedo del mayordomo.
De modo que estudio, en archivos de diarios y otras fuentes, los hábitos y las catracterísticas del mayordomo y del millonario.
En una noche oscura se deslizó dentro del predio y por suerte tropezó con el millonario, quien estaba observando el interior de un viejo pozo en la parte trasera de la casa.
De modo que golpeó al millonario en la cabeza y los mató.
Estaba oscuro junto al pozo. Apresuradamente se puso las ropas del millonario y la máscara negra en la cara, y arrrojó el cuerpo del millonario al pozo y advirtió en ese momento que el cuerpo no produjo ningún sonido de agua.
Así vestido, el impostor se emcaminó hacia la casa y hacia una vida de comodidad y lujo.
¡Y encontró que era jauja!
Porque su mayordomo era: un perfecto mayordomo.
Él nunca tenía que dar una orden. El mayordomo sabía exactamente lo que debía hacer. El mayordomo le traía su desayuno, le preparaba el baño, le procuraba las mujeres, lo proveía de cigarrillos de hachisch, se ocupaba de la casa y le planeba todas sus fabulosas diversiones.
Su vida transcurría sin esfuerzos.
Y después de un tiempo se dio cuenta: nadie descubriría jamás su identidad.
Pero la flaqueza de este hombre estaba en su vanidad. Fïjense, nunca se le ocurrió que algún otro pudiera tener la misma idea que él. Nunca se leocurrió que el hombre al cual mató no hubiera sido el millonario, sino un impostor, como él mismo, y que en un par de meses aparecería otro impostor y lo mataría, y que en realidad durante los últimos años había habido varios impostores, cada uno con la misma flaqueza, la misma vanidad.
No, no, nadie supo jamás nada de esto. Excepto el mayordomo, claro, pero nunca lo ha contado porque le gusta su trabajo.

en El idioma de los gatos, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1995.

viernes, 24 de junio de 2011

Escritura nocturna

por Claudio Magris
en adn, 24 de junio de 2011.

(...) En sus novelas, como en su pintura a menudo demoníaca y perturbadora, Sabato desciende, con la escritura "nocturna", a un subsuelo de tinieblas y demencia, donde advierte otra voz de la vida. Hace hablar a esa voz, suya pero al mismo tiempo en parte desconocida para él mismo, una voz que dice cosas que contradicen sus principios y valores. Nacen así obras maestras como Sobre héroes y tumbas con la trágica y terrible historia de la conjura de los ciegos y con el delirio angustiante y desgarrador de Alejandra, inolvidable figura femenina de amor, ternura, fragilidad y locura.
En la escritura nocturna no se pueden proclamar explícitamente creencias o valores, defender a los débiles o atestiguar los afectos; sólo se puede enfrentar al fantasma que surge de la oscuridad, encontrarse cara a cara con la Medusa, con el rostro aterrador de la vida salvajemente ignara del bien, del mal, de la justicia y de la piedad. Quizás incluso la ciencia, que Sabato practicó como profesión, contribuyó paradójicamente a esta confrontación con el caos. Tentacular, como los oscuros laberintos en que se adentra, la escritura nocturna atraviesa esos infiernos sin censurarlos ni embellecerlos. La escritura nocturna, de la que Sabato es maestro, es el encuentro enajenado y creativo con un sosia, con una parte desconocida y hasta desagradable de uno mismo. "¿De quién es esta voz terrible?", grita en un cuento de Hoffmann un poeta tras haber leído un angustiante poema propio.
Cuando escucha esa "otra voz", un verdadero escritor la deja hablar, aun cunado preferiría que dijera otras cosas. Esa escritura puede resultar difícil de soportar para su autor, quien querría que el sol, a diferencia de los que el evangelio constata despiadadamente, no resplandeciera de la misma manera para los justos y los malvados, para los niños asesinados y para sus asesinos, indiferente al bien o al mal; querría que diferenciara entre los niños desaparecidos y sus abyectos verdugos.
Frente a estas verdades perturbadoras, Sabato no dora la píldora, sino que representa la negatividad  en su cerrada y desvastante violencia. Su pluma testimonia la carga de esa violencia. El amor, la piedad, la humanísima y dolorosa dignidad de la persona brillan aún más en las tinieblas, porque Sabato no halla ninguna compensación para el mal y el dolor y por eso expresa y transmite, con potencia difícilmente igualable, la pasión de lo humano(...)

domingo, 19 de junio de 2011

"Acumulación primitiva" de capital

Jorge Altamira,
(Perfil, domingo 19 de junio de 2011)

El desfalco perpetrado en la Fundación Madres no es otro caso de corrupción más, ni el caso aislado de un estafador que habría aprovechado la buena fe o ingenuidad de Hebe de Bonafini o incluso su complicidad. Su raíz es política y por eso ha pegado a la línea de flotación del Gobierno nacional.

Para empezar por lo elemental, la ejecución de la asistencia social o de la obra pública por medio de ONGs es una vieja “recomendación” del Banco Mundial. Su desarrollo sorprende en el universo “cultural” del kirchnerismo, porque se trata, ni más ni menos, que de la privatización periférica de las responsabilidades sociales del Estado. La ausencia de una finalidad de lucro de las ONG no alcanza (oculta) a las empresas que ejecutarán el objetivo social asignado con los métodos invariables del negocio capitalista. Las fundaciones, no de Madres, sino de Bill Gates o Warren Buffet, se cuidan muy bien de asegurar sus actividades con inversiones bursátiles o financieras en compañías afines a sus fundadores. La ONG de cuño kirchnerista, en cambio, sirve a una suerte de “acumulación primitiva” de capital, pues el elegido o borocotizado de turno puede comenzar a labrar una fortuna con el concurso cautivo de los fondos públicos sin necesidad de poseer un capital previo. Como dirían en el entorno oficial: están, simplemente, “reconstruyendo a la burguesía nacional”. ONGs o Fundaciones mediante, la actividad social del Estado se convierte en negocio capitalista –cuando debería estar a cargo de un organismo oficial que subordine la contabilidad de costos del emprendimiento a un régimen de ingresos y egresos al servicio de la actividad social.
Pero hay otro punto esencial: el desfalco pone al desnudo la cooptación de las organizaciones populares por parte del Gobierno. Ocurre con la CGT, los movimientos sociales oficialistas o la llamada ‘juventud militante’; ha llegado al extremo de impulsar la quiebra de la CTA. Se trata de un mecanismo de dominación política, pues somete a las organizaciones de los trabajadores a los intereses del Estado de contenido social capitalista. Emerge cuando la represión se agota como recurso único; vemos cómo se intenta hacerla “florecer” ahora en Egipto o Túnez.
El gobierno actual no ha inventado, claro, este mecanismo que data como tendencia desde el yrigoyenismo y perfecciona el primer peronismo (’45/’55). Lo que distingue a los K es que recurren a este artilugio cuando se encuentran en avanzada crisis. Las rebeliones de los trabajadores contra las burocracias son moneda corriente –ahora en los petroleros de Santa Cruz. Los factores históricos que lo hicieron viable están agotados. Dejan al desnudo, entonces, su faceta más podrida: la corruptela. Pululan los sindicalistas empresarios, que defienden sus comarcas por medio del crimen, como es el caso de Pedraza, o de los ajustes de cuentas entre burócratas. Aparece la forma más siniestra de la mafia. Lo de Schoklender o Fundación Madres es un clonaje del Belgrano Cargas, el ex Roca o las obras sociales. La cooptación política del Estado ha logrado lo que nunca pudo la dictadura: enlodar nuestro mayor emblema nacional. El Gobierno y el Estado sufren, en consecuencia, los sinsabores del aprendiz de brujo. No hay dudas de que se ha abierto una crisis política enorme, que sólo debe definir sus características y ritmos.
La “construcción cultural” que el kirchnerismo ha proclamado como triunfante aparece en este último affaire sin disfraces. La hegemonía política de un proyecto de emancipación no se establece con “construcciones culturales”, que no pasarían de elitistas. Se desarrolla en la lucha social y en un poder político con otro contenido social. Recién entonces comenzará la construcción de una nueva cultura.
A la orden del día está la lucha por la autonomía e independencia y democracia de las organizaciones populares. Pero ellas minan la capacidad de dominación política de la burguesía y de su aparato –algo que es fatal cuando el mundo asiste a una gigantesca bancarrota capitalista.

viernes, 17 de junio de 2011

Uñas

Spencer Holst

Cuando el cirujano de la policía de París operó a la mujer muerta, descubrió que su estómago estaba lleno de uñas.
La expresión simiesca en la cara de la muerta, su fea mueca, en la cual asomaba la gangrena, fue fotografiada en colores. La grotesta cabeza, horriblemente demoníaca, con el pelo teñido, había sido injertada, contra natura, en el cuerpo de una adolescente. Y la espantosa cirugía había tenido éxito, pues la cabeza de la vieja había vivido dos años en el cuerpo juvenil.
En tales operaciones, el equilibrio del cortolón inevitablemente se altera. (cortolón es una sustancia que controla el crecimiento de las uñas de las manos y pies.) O bien las uñas del paciente desaparecen por completo o, como en este caso, el crecimiento de las uñas con frecuencia es acelerado hasta varios centímetros por día.
Ella pudo haber sido inmortal, si no se hubiera comido las uñas.

El idioma de los gatos, Ediciones de la Flor, 1995.

viernes, 10 de junio de 2011

Estados Unidos y el estado de excepción

Roberto Esposito

La ejecución de Bin Laden señala, de la manera más evidente, la superioridad de lo político sobre lo jurídico que caracteriza la soberanía americana. Estados Unidos sabe bien que, para ser coherente con el discurso democrático, fundado sobre los derechos individuales y la separación de los poderes, habría sido oportuno capturar a Bin Laden y someterlo a debido proceso, pero consideró está opción muy riesgosa por los efectos que podría haber provocado en el mundo islámico. Si no se conservó el cuerpo muerto  de Bin Laden ni siquiera por un día, jamás lo habrían mantenido con vida por un periodo de tiempo todavía más largo. Esto significa que, en un régimen que es al mismo tiempo soberano y biopolítico, como es el estadounidense, el discurso jurídico está destinado a ser siempre superado o lacerado por lo político. Como muy bien ha explicado Schmitt, lo político se define en una relación entre amigo y enemigo que prevé siempre la aniquilación del adversario. Mientras que en la era moderna, la soberanía funcionaba instituyendo la ley, hoy, en el horizonte biopolítico, ésta se expresa desactivando la ley, es decir, abriendo una grieta, un breve estado de excepción, dentro del cual se procede en un modo político-militar.

Fragmento de la entrevista en Ñ, 4 de junio de  201.